Archbishop Lori’s Homily: 2nd Sunday of Advent; Our Lady of Guadalupe

2nd Sunday of Advent; Our Lady of Guadalupe
Saint John, Westminster
December 9, 2017

Adviento es un tiempo de esperanza. Es un tiempo de preparación para la venida del Señor, ya sea al final de los tiempos y en el tiempo de la Navidad. Por lo tanto, siempre queremos estar alerta y atentos.

En efecto, escuchamos en el Evangelio de hoy, “Preparen el camino del Señor, enderecen sus senderos”. San Juan Bautista advierte a la gente de su tiempo, pero también a ustedes y a mi,

que tenemos que arrepentirnos de nuestros pecados y preparar nuestros corazones para encontrarnos con el Señor. La misión de San Juan era guiar a sus seguidores hacia el Mesías. Esta tarea tan importante también le pertenece a María, la Madre de Dios. Ella también nos guía por el camino hacia su Hijo, Jesucristo. Durante esta temporada de Adviento, es muy importante para nosotros reflexionar sobre nuestra relación con nuestra Santa Madre y comprometernos a desarrollar una unión más cercana con ella y con su Hijo.

En este Segundo Domingo de Adviento también celebramos el aniversario de la primera aparición de Guadalupe. La historia de La Señora de Guadalupe es a la vez familiar y apasionante. En la mañana del nueve (9) de Diciembre de (1531) mil quinientos treinta y uno, un humilde campesino llamado Juan Diego tuvo la visión de una hermosa y radiante joven, en la colina del Tepeyac en la parte sur del centro de México. Maria estaba vestida como una princesa azteca, y usando el dialecto nativo, pidió que una iglesia fuera construida en su honor. Por sus palabras, Juan Diego reconoció que era la Santísima Virgen María.

Juan Diego contó la historia al Obispo Juan de Zumárraga, quien al principio se mostró incrédulo. El Obispo le pidió que regrese y le pida la Señora un signo milagroso. Así lo hizo, y Nuestra Señora mandó a Juan Diego a recoger algunas rosas de la cima del monte del Tepeyac.

Juan Diego no sabía qué pensar ya que era invierno y no hay flores durante esa estación. Pero cuando llegó a la cima encontró hermosas rosas de Castilla. La Virgen María las acomodó en su tilma, un manto típico de los campesinos, hecho de fibra de plantas. Cuando Juan Diego abrió su capa frente al Obispo Zumárraga, las rosas cayeron al suelo, y en su lugar estaba la  imagen de Nuestra Señora de Guadalupe, una imagen no pintada por manos humanas, impresa sobrenaturalmente sobre el tejido.

Hasta hoy, la tilma de Juan Diego se encuentra expuesta en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, al norte de la Ciudad de México. Ha sido visitada por millones de personas por más de (500) quinientos años. Ni el paso de los años, ni derrames químicos, ni siquiera atentados con bombas han logrado dañar la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe. yo he estado en la Basilica muchas veces, pero la ultima vez que la visite, tuve la oportunidad de entrar a la habitation donde esta la tilma y donde estuve orando Por la necesidades de todos los feligreses de la Arquidiócesis de Baltimore.Desde ese lugar, hecho santo por la presencia de Cristo y su Madre,
incontables gracias han sido derramadas sobre innumerables almas
y llegan a nosotros incluso hoy.

Qué nos dice Nuestra Señora de Guadalupe en este tiempo de preparación para la Navidad y, más aún, mientras buscamos profundizar nuestra amistad con Cristo? Nos dice mucho, pero que reflexionemos dos puntos; primero: el don de la vida y segundo: la necesidad de buscar a aquellos que viven en la obscuridad y que necesitan de la luz de Cristo. Primero, cuando Nuestra Señora se apareció a San Juan Diego en lo que hoy es México, no hacía mucho que el Evangelio había llegado al Nuevo Mundo. Los sacerdotes y misioneros enfrentaban grandes obstáculos, la Fe crecía lentamente, y lo poco que se lograba corría el riesgo de ser perdido.

Por otro lado, los nativos temían a los dioses paganos, a quienes imaginaban ser vengativos y sanguinarios. Como consecuencia, la horrenda práctica de sacrificios humanos
de niños y recién nacidos, fue generalizada. Entonces Nuestra Señora se apareció; se introdujo en una cultura que, en muchas maneras, era hostil a la Fe. Sin embargo, trajo un mensaje de verdad y amor. Ella vino a proclamar el amor del Dios vivo y verdadero –  el Dios que es amor, el Dios que es rico en misericordia, el Dios que reconcilia, que sana, que salva. Significativamente, ella vino a los indígenas como una de ellos. María no es una extraña para nosotros; Ella es nuestra Madre, y su amor es único para cada persona de todo tiempo, lugar y circunstancia. La gente de México miraron la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe, y en ella reconocieron a uno de los suyos.

María siempre nos lleva a Jesús. Como Madre, desea sólo lo mejor para nosotros, y sabe que nuestro mayor bienestar está en nuestra salvación eterna, que sólo es posible a través de su Jesús. Maria guió a un pueblo, a todo un continente, hacia Jesús. Su venida como Nuestra Señora de Guadalupe inició una evangelización que trajo millones de almas a Cristo y lo continua hacienda hasta el día de hoy.

Al mirar la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe, notamos que usa un cinto azul alrededor de la cintura, esto indica que está esperando un Niño. Nosotros también estamos “esperando un niño”. Esperamos con ansia y gozo el nacimiento de Jesús y la celebración de la Navidad. Esperando con ansia la Navidad al lado de Nuestra Señora, reconocemos que su aparición en el Tepeyac trajo una nueva mirada al don de la vida a una cultura de muerte.

Maria ayudó a despertar la fe de la gente en el Dios que es amor, en el Dios que es creador y amante de la vida.

De igual manera, Maria nos llama a tener un aprecio más profundo por el don de la vida, y un mayor coraje en la defensa de aquellos aún muy pequeños e indefensos que se les es negado el derecho a la vida por algunos en la sociedad. Ella nos llama a una mayor gratitud hacia Dios por cada vida humana, que es única e irrepetible.

Un segundo y final punto es el siguiente: el mensaje de amor y verdad de María penetró en los corazones de las personas a quienes se le apareció, despertando la fe en Cristo, el Señor. Especialmente en estos días previos a la Navidad, ustedes y yo somos llamados a vivir la verdad y el amor al Evangelio, y así llevar la luz de Cristo a las personas que viven en las tinieblas ya que ellos nunca se han encontrado de verdad con Cristo, que es la luz del mundo.

Existen muchas personas en el mundo que están en búsqueda y no están simplemente “allá afuera”.  Están en nuestros hogares, en nuestras escuelas, en nuestros trabajos. El testimonio que da María de su Hijo es elocuente en su simplicidad, su esperanza y su gozo. Debe serlo también para ustedes y para mí, y es algo por lo que rezamos en este Adviento.

Nosotros somos privilegiados por ser discípulos de aquel que nació en Belén para nuestra salvación. Que Nuestra Señora de Guadalupe haga que nuestra amistad con su Hijo y nuestro testimonio de Él sea más fuerte y profundo a medida que “nos conducimos en santidad y devoción esperando y apresurando la llegada del día de Dios ” Que Dios los bendiga y los guarde siempre en su amor.

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Archbishop William E. Lori

Archbishop William E. Lori

Archbishop William E. Lori was installed as the 16th Archbishop of Baltimore May 16, 2012.

Prior to his appointment to Baltimore, Archbishop Lori served as Bishop of the Diocese of Bridgeport, Conn., from 2001 to 2012 and as Auxiliary Bishop of the Archdiocese of Washington from 1995 to 2001.

A native of Louisville, Ky., Archbishop Lori holds a bachelor's degree from the Seminary of St. Pius X in Erlanger, Ky., a master's degree from Mount St. Mary's Seminary in Emmitsburg and a doctorate in sacred theology from The Catholic University of America. He was ordained to the priesthood for the Archdiocese of Washington in 1977.

In addition to his responsibilities in the Archdiocese of Baltimore, Archbishop Lori serves as Supreme Chaplain of the Knights of Columbus and is the former chairman of the U.S. Conference of Catholic Bishops' Ad Hoc Committee for Religious Liberty.