Un Mensaje del Arzobispo Lori de Adviento (2022)

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13 de diciembre de 2022

Queridos amigos en Cristo,

Estamos en medio de la temporada de Adviento. Este es un tiempo de esperanza en el que nos preparamos para celebrar de nuevo el nacimiento de Cristo. Es un tiempo de gozosa expectativa en el que esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador, triunfador sobre el pecado y la muerte. Mi esperanza para ustedes y para mí es que aprovechemos al máximo esta maravillosa temporada y que empleemos este tiempo como una oportunidad para preparar nuestros corazones para experimentar más profundamente la paz que Jesús vino a traer.

Estas semanas antes de Navidad a menudo se viven de manera muy diferente. Para algunos, son un momento de mucho trabajo, con días llenos de compras, reuniones prenavideñas y decoración de la casa. Para los estudiantes, este es un tiempo enfocado en la preparación para los exámenes finales; y para los más jóvenes, existe la alegría y la anticipación de los regalos de Navidad. Recordemos también que, para algunos, la proximidad de la Navidad es un momento de tristeza. En medio de tantas celebraciones se acentúa la soledad, la pobreza, la adicción y otras formas de sufrimiento. Ya sea que esperemos la llegada de la Navidad con alegría o tristeza, la temporada de Adviento puede hablar a nuestros corazones.

Esto es posible solo si nos abrimos a recibir la gracia de esta temporada. Una de las mejores maneras de hacerlo esto es dedicar tiempo a la quietud y la oración. No es fácil encontrar un momento de quietud, especialmente en nuestra cultura ruidosa y ocupada. Para aquellos que están pasando por una lucha interior, el silencio puede ser bastante aterrador. A veces, podemos sentirnos bien preparados para encontrarnos con el Señor en oración y comprometernos con él y, en otras ocasiones, podemos rehuir e incluso tratar de evitar el susurro apacible y pequeño de su voz. Usted y yo podemos tener miedo de lo que nos pueda decir, pero el Señor le habla a su pueblo de la paz, no como el mundo la da, sino como solo él puede darla.

La paz no es simplemente la ausencia de conflicto o sufrimiento en nuestras vidas, sino el gozo de sabernos hijos e hijas de nuestro padre celestial y que somos verdaderamente amados a sus ojos. Es la paz que experimentamos cuando le reflejamos su amor a Dios en oración e irradiamos ese amor a quienes nos rodean. Es la paz y la alegría de amar a Dios sobre todas las cosas y amar a nuestro prójimo como Dios nos amó primero. Cuando abrimos nuestro corazón a la paz que Cristo nos da, comenzamos a discernir el significado y el propósito de las luchas y desafíos que experimentamos en nuestra vida diaria. Nuestra vida se llena de sentido. Dios nos trajo a este mundo para compartir su vida y reflejar su amor de una manera única e irrepetible.

Probablemente ya haya demasiado en su lista de “cosas por hacer”, pero permítame ofrecerle dos sugerencias modestas. Primero, invite a Jesús a hacerse presente cada día diciendo una simple oración de los primeros cristianos: “¡Ven, Señor Jesús!” En medio de lo que sea que estemos haciendo, cualquier día, en cualquier momento dado, especialmente en esos momentos ocupados y difíciles, simplemente haga una pausa y diga: “¡Ven, Señor Jesús!” Esta es una manera maravillosa de invitar al Señor a su corazón y a su hogar.

Segundo, el Señor viene a nosotros en la Santa Misa. Cuando se leen las Escrituras, es Cristo quien nos habla. Cuando recibimos la Sagrada Comunión, recibimos el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Jesús se entrega a nosotros en el amor. Uno de los mayores regalos que podemos dar a familiares y amigos es invitarlos a compartir el don de sí mismo que nos da Jesús. Esta es la forma en que todos podemos acercarnos lo más posible al Señor que vino a salvarnos y que volverá al final de los tiempos.

Cada vez que nos volvemos a él con todo nuestro corazón, nuestro Dios se regocija en nosotros. Si tienes problemas para encontrarlo, busca los momentos de tranquilidad.

El tiempo de Adviento es corto; pasa rápido. María nos enseña cómo esperar al Señor y cómo acogerlo en nuestro corazón en la gracia del Espíritu Santo. Que nosotros, como ella, abramos nuestro corazón para acoger al Señor en su venida. ¡Ven, Señor Jesús!

Fielmente en Cristo,

Reverendísimo William E. Lori
Arzobispo de Baltimore

Archbishop William E. Lori

Archbishop William E. Lori was installed as the 16th Archbishop of Baltimore May 16, 2012.

Prior to his appointment to Baltimore, Archbishop Lori served as Bishop of the Diocese of Bridgeport, Conn., from 2001 to 2012 and as Auxiliary Bishop of the Archdiocese of Washington from 1995 to 2001.

A native of Louisville, Ky., Archbishop Lori holds a bachelor's degree from the Seminary of St. Pius X in Erlanger, Ky., a master's degree from Mount St. Mary's Seminary in Emmitsburg and a doctorate in sacred theology from The Catholic University of America. He was ordained to the priesthood for the Archdiocese of Washington in 1977.

In addition to his responsibilities in the Archdiocese of Baltimore, Archbishop Lori serves as Supreme Chaplain of the Knights of Columbus and is the former chairman of the U.S. Conference of Catholic Bishops' Ad Hoc Committee for Religious Liberty.

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