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Latino Highways and Byways Luncheon

Baltimore

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I am delighted to be here with so many of my fellow priests and especially with so many young men who are open to a priestly vocation. It gives me great hope to see so many who are willing to say yes to God’s will in your life. 

A vocation is a calling from God; everyone receives one. Because of our dignity as humans, (who are made in the image and likeness of God) everyone is called to a vocation of love. In this we all have the same vocation. However, we can differ in how we are called to love and serve God and one another, whether it is by loving a wife and family as married men, or whether it is by serving God and His Church as consecrated religious, or whether it is by serving others as ordained priests. No matter how we are called to love, we are called to give completely of ourselves. Pope Francis said to young people, “Through your joyful witness and service, help to build a civilization of love. Show, by your life, that it is worth giving your time and talents in order to attain high ideals; it is worth recognizing the dignity of each human person; and it is worth taking risks for Christ and His Gospel.”

Answering God’s call certainly requires us to take risks, as the Holy Father said. Nothing in life is undertaken without risk. However, most of us have a fear of failure - this is natural because we don't want to waste our time or effort, or possibly embarrass ourselves. Fear of failure can prevent us from making important decisions. When we do this, we might never discover our vocation; we might never know what God has in store for us. If we want to find our vocation, we must take risks.

But we shouldn’t fear if we stay close to God in prayer. If we open our hearts to God and listen to His voice, He will provide us with the help and confidence we need to answer His call.

Spanish
Estoy muy contento de estar aquí con muchos de mis hermanos sacerdotes y especialmente con tantos jovenes que están abiertos a la posibilidad de una vocación al sacerdocio. Me da mucha esperanza (es-peh-RAN-sa) el ver a tantos jovenes que desean decir “Sí” a la voluntad de Dios en sus vidas.

Una vocación es un llamado de Dios. Todos recibimos un llamado. Al haber sido creados en la imagen y semejanza de Dios, todos somos llamados a la vocacion de amar. En este sentido, todos tenemos la misma vocación fundamental.

Sin embargo, hay diferentes maneras en la cuales cada persona es llamada a amar y a servir a Dios y al prójimo. Algunos son llamados a vivir la vocacion de amar, dentro del matrimonio, amando a la esposa y a la familia. Otros son llamados a vivir la vocación de amar, sirviendo a Dios y a Su Iglesia como hombres consagrados a la vida religiosa. Otros son llamados a vivir la vocación de amar, sirviendo como sacerdotes.

No importa la manera de la cual somos llamados a amar, Lo que importa es que nos entregemos completamente al llamado. El Papa Francisco explicó esto muy claramente, al hablar con los jovenes en Brasil, con estas palabras, “Con su testimonio de alegría y de servicio, ustedes hacen florecer la civilización del amor. Demuestran con la vida que vale la pena gastarse por grandes ideales, valorar la dignidad de cada ser humano, y arriesgarse (ah-ree-es-GAR-say), por Cristo y su Evangelio.”

Es cierto que para poder contestar el llamado de Dios, es necesario arriesgarse (ah-ree-es-GAHR-say), como nos ha dicho el Santo Padre. Nada en la vida es posible sin tomar riesgos. Pero la mayoría de nosotros tenemos miedo de fracasar, Esto es normal, porque no queremos desperdiciar (des-per-dee-see-AR) tiempo o esfuerzo, o avergonzarnos (a-ver-gohn-SAR-nos).

El miedo a fracasar no nos permite tomar decisiones importantes. Cuando esto sucede, no llegamos a descubrir nuestra vocación; no llegamos a saber que es lo Dios nos tiene preparado. Si queremos encontrar nuestra vocación, tenemos que arriesgarnos (ah-ree-es-GAHR-nos). Pero siempre y cuando nos mantengamos (man-tehn-GAH-mohs) cerca a Dios en oración, no debemos tener miedo. Si abrimos nuestros corazones a Dios y escuchamos Su voz, El nos dará la ayuda y el valor necesarios para responsder a su llamado.