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Homily Given by Cardinal Keeler at St. Michael's - Espanol

St. Michael

En la noche del viernes regresé de un viaje a Cuba. Fuí a Cuba por una invitación del Obispo José Siro Gonzalez Bacallao, Obispo de Pinar del Río, en el occidente de la isla. Estuve allí para celebrar a su Santo Patrón, San Rosendo. Mientras estuve allá me reuní con el Cardenal Jaime Lucas Ortega y Alamino, Obispo de la Habana, así como con otros líderes de la Iglesia. Ellos me confirmaron lo que ví con mis propios ojos, la fé profunda del pueblo, el cual, aún en medio de grandes dificultades y sufrimientos, viven su llamada bautismal. Ellos nos dan ejemplo a todos nosotros.

Mi viaje fué un buen recordatorio de nuestro viaje cuaresmal. La Cuaresma es el tiempo cuando cambiamos la manera habitual de hacer las cosas, para volver la mirada mas plenamente a Dios. A través de más oraciones, ayunos y ayuda a los necesitados, buscamos hacer más profunda nuestra relación con Dios, y el servirnos unos a otros.

Las lecturas de hoy nos hablan de nuestra relación con Dios. La relación de Dios es tan fuerte que tiene una palabra especial: alianza. La primera lectura nos habla de la alianza de Dios con Noé. Dios prometió que mas nunca iba a destruir a la creación, pero también prometió estar con Noé y dejar un signo de Su presencia. el arcoiris. Aún en medio de la tormenta, cuando las nubes se ciernen sobre nosotros, Dios está presente y el signo del arcoiris nos recuerda, como lo hizo con Noé, de esa Presencia.

La segunda lectura nos recuerda que Dios nos dió mucho más que solo un signo. Dios hizo una alianza nueva con Su pueblo al darnos a Su Hijo, Jesús. Jesús vino para darnos a conocer el amor de Dios, un amor tan fuerte que Él estuvo dispuesto a sufrir y a morir por nosotros. San Pedro nos recuerda que este signo de su alianza, es nuestro Bautismo. El Bautismo no es sólamente limpiarnos la suciedad de la piel. En realidad nos une a Dios como uno de Sus propios hijos, y pone Su espíritu en nosotros. Nuestro bautismo es compartir en ese sufrimiento y muerte, además de compartir en la esperanza de la resurrección.

En el Evangelio de hoy, vemos el amor de Jesús por nostros en el sufrimiento de la tentación en el desierto. En este combate espiritual del bien contra el mal nuestra fuerza e inspiración vienen de Cristo, quien estuvo dispuesto a luchar, y hasta morir por nosotros. Más adelante en el Evangelio, Juan el Bautista nos recuerda que Jesús nos trae el Reino de Dios, y que estamos llamados a arrepentirnos, a creer en el Evangelio.

Arrepentimiento va más allá de alejarnos del pecado. Es una llamada a ser más parecidos a Jesús. Es una llamada para apoyarnos unos a otros. Es una llamada para ser las manos, los oídos y la voz de Jesús en este mundo.

Nos reunimos para asegurar que la voz de Jesús se escuche: Jesús que apoyó al desconocido y al extranjero, Jesús que escuchó el llanto de los pobres, Jesús que mostró compasión por los más vulnerables, Jesús que se acercó a los más necesitados. Nos reunimos para bendecir y apoyar a los que irán a Washington para protestar en contra de la Resolución de la Cámara cuarenta y cuatro treinta siete. En esto hablarán con las voces de los profetas clamando en nuestro país, pero en especial, a los legisladores, para asegurar que se llegue a una solución completa a la crisis de inmigración, y no a una solución que negaría derechos a algunos de los más vulnerables de nuestra sociedad.

Dios busca proteger y apoyar a los más vulnerables entre nosotros, hasta aquellos que no tienen la protección de ser ciudadanos. Todos lo que irán a Washington nos recuerdan que tenemos que desafiar a la injusticia en donde se encuentre, que tenemos que acercarnos a los necesitados, que tenemos que ser más como Cristo.

Que su viaje de Cuaresma les acerque más a Cristo. Que le conozcan mejor a Él y a Su amor por nosotros, ese amor que Él nos muestra en esta Eucaristía al transformar las especies del pan y el vino en Su Cuerpo y en Su Sangre.